La música es el lenguaje
universal por Coni La Grotteria
La música es el lenguaje universal para el alma, una melodía puede
evocar diferentes sentimientos y transmitir emociones. Una melodía es libre, se
hace a la persona que la recibe. No depende de la emoción que el músico sintió
o quiso transmitir, sino de cómo la siente la persona que la escucha. Incluso
algunas melodías pueden contraponerse, en ocasiones dependen de nuestro bagaje personal (recuerdos), músicas
románticas pueden despertar amor en algunas personas y en otros desengaños,
celos o tristeza.
Es el poder musical que no se ve distorsionado por la palabra, o regido
por un idioma, y eso lo hace universal, dotándolo de libertad.
Estimular a través de la música, desde edades tempranas es fundamental
para favorecer un desarrollo integral. Como docentes debemos favorecer todo
tipo de actividades para una estimulación positiva de las capacidades
musicales.
Stephan
Koelsch (2011), reconocido músico, psicólogo y neurólogo, dice “somos criaturas musicales de forma innata desde
lo más profundo de nuestra naturaleza”.
Es decir, desde los primeros días un bebé reacciona con la voz de sus
padres, se relaja con las canciones de cuna y disfruta con la modulación de la
voz, incluso en la gestación.
Los niños disfrutan experimentando con la música, creándola, golpeando
cualquier material, bailando, utilizando movimientos corporales, es importante
facilitar estas situaciones.
Por ello la música tiene relación directa con nuestras emociones, no
necesitan traducción, al escuchar ciertas melodías se activan sustancias
químicas en nuestro organismo que actúan sobre el sistema nervioso central,
esto estimula la producción de neurotransmisores: dopamina, oxitocina,
endorfina, creando un estado de alegría y de optimismo en general. En
conclusión, necesitamos de la música para vivir más felices.
- Alegría: Tocando el violín, una melodía con sonidos agudos, que invite a la sonrisa.
- Tristeza: Una canción lenta al piano, con sus silencios y miradas.
- Agitación: Tocando rápido la pandereta y acompañando el movimiento con el cuerpo.
- Júbilo: Tocando de pie, las campanas, una en cada mano, llamando la atención con gestos alegres.
- Melancolía: Moviendo un palo de lluvia, muy lentamente, oyendo hasta el último sonido.
- Pesadez: Respirando con intención, haciendo ruido al exhalar el aire por la boca.
- Dolor: Trompeta, un único sonido agudo y muy potente.
- Pasión: Tocando un Saxofón, inclinándome al son de la música, siguiendo la melodía con el cuerpo. - Amor: Tocando la guitarra, quizá emulando alguna balada romántica.
- Enfado: Tocando muy fuerte el tambor, con golpes irregulares.
- Indiferencia: Me sentaría al lado de un arpa, y apenas lo rozaría.
- Miedo: Tocando el violonchelo con intensidad.
- Seguridad: Tocando la flauta dulce, emulando la melodía de clásicas nanas de cuna.
- Amistad: Tocando maracas, que invitan al movimiento, a desplazarse a bailar entre amigos.
PUNSET, E (2011). Música, emociones y neurociencia. Redes.
RTVE. Recuperado el 25 de octubre de
2017 http://www.rtve.es/television/20111009/musica-emociones-neurociencia/465379.shtml
Aula de Elena (2015). Proyecto emocionario musical. Diario de
una maestra. Recuperado el 25 de octubre
de 2017 http://www.auladeelena.com/p/proyecto-emocionario-musical.html
No hay comentarios:
Publicar un comentario